Algunos consejos sobre cómo cagar en el monte de forma higiénica, responsable y ecológica
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Algunos consejos sobre cómo cagar en el monte de forma higiénica, responsable y ecológica

30
oct 2012

Todos/as los que practicamos deporte al aire libre sabemos de primera mano que, tarde o temprano, resulta indispensable realizar nuestras necesidades allá donde nuestro cuerpo decide que no puede más. Las pistas, senderos, zonas de escalada y rutas de montaña más frecuentadas por deportistas y amantes de la naturaleza se encuentran cada día más plagadas de esos pequeños regalos en forma de excrementos que, en contra de la generalizada creencia popular, pueden suponer un verdadero problema ecológico y provocar graves alteraciones al ecosistema, además de ser el motivo principal para las autoridades medioambientales de la región de la prohibición de paso a distintas zonas montañosas.

Algunos consejos sobre cómo cagar en el monte de forma higiénica, responsable y ecológica

Por qué cagar en el monte de manera responsable y ecológica

Cualquier deporte al aire libre requiere de ciertas normas básicas de convivencia y respeto por el medioambiente que todos deberíamos conocer y seguir. Como todos los ciclistas y demás usuarios de la montaña sabemos, es muy común encontrarnos durante nuestros entrenamientos en bicicleta los restos abandonados de una considerable cantidad de excrementos que algún despistado y/o apurado usuario de la montaña se ha visto obligado a evacuar allí mismo, con el consiguiente efecto visual y aromático tan desagradable para el resto de personas.

Pero es que además de ser visual y aromáticamente desagradables, los excrementos también son peligrosos para el medioambiente y las personas, con unas consecuencias sanitarias y ambientales especialmente preocupantes. Hablando claro y sin rodeos, en las mejores condiciones los excrementos de una persona tardan más de un año en desaparecer de forma natural, por no hablar del papel, las toallitas, los tampones, las compresas y los pañales que prácticamente se hacen eternos en la montaña debido a su lenta degradación.

Debido a este lento proceso de degradación, las heces humanas cagadas a diestro y siniestro por el monte pueden resultar un grave problema sanitario y ambiental. Las heces pueden ser fuente de parásitos intestinales humanos que, en caso de no controlarse adecuadamente, suelen terminar contaminando el ecosistema y transmitiendo la enfermedad a muchas más personas y/o animales. La lluvia, el viento e incluso los animales del monte son los encargados de transmitir la enfermedad, que puede llegar a contaminar ríos, embalses y depósitos de agua destinados al consumo y/o uso humano.

Los parásitos intestinales: unos incómodos inquilinos

La Giardiasis es una enfermedad que podemos contraer al beber agua infectada por depósitos fecales. Los síntomas más comunes son diarrea, vómitos y dolor abdominal, con una duración de entre 7 y 20 días. Aunque no resulta mortal en adultos sanos, puede transformarse en una enfermedad crónica si no la tratamos como es debido. Las personas que padecen esta enfermedad (transmisores) pueden no tener síntomas, y cuando sus heces llegan al agua comienza el proceso de infección y propagación. Este parásito puede sobrevivir en un medio acuático durante meses, y su proliferación dependerá de la estación del año y de la región.

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Otro parásito con nombre impronunciable es el Cryptosporidium, con unos síntomas muy semejantes a los de la Giardiasis y con la misma forma de transmisión fecal-oral. Este parásito también sobrevive durante largo tiempo en el agua, incluso aunque la misma esté tratada con cloro como en el caso de las piscinas de uso recreacional. Como hemos visto, estos parásitos son los principales causantes de enfermedades en humanos y animales, además de ser los responsables de graves alteraciones en los ecosistemas, y por ello debemos evitar en lo posible su propagación.

Cómo debemos cagar en el monte

Puede resultar un tanto extraño para algunas personas que, a estas alturas de su vida, alguien les diga cómo tienen que hacer sus necesidades. Cada persona sabe muy bien lo que tiene que hacer en ese momento (sobran las palabras), pero hacerlo en el monte debería requerir de ciertas normas básicas que impidan que posibles agentes contaminantes salidos de nuestros intestinos terminen poblando otros intestinos ajenos y propagando la enfermedad. Cuando la necesidad de soltar lastre se hace inminente, tenemos que recordar que son muchas las personas que también hacen uso del monte y que probablemente no desean encontrarse con nuestros bonitos y perfumados restos.

Para ello, lo único que debemos hacer es cavar un pequeño agujero que después nos servirá para enterrar nuestras heces. Al enterrar los excrementos, lo que hacemos es acelerar el proceso de descomposición de las heces y evitar su propagación hacia vías acuíferas. Si hacemos un agujero y enterramos nuestros excrementos, también evitamos que los organismos causantes de enfermedades se propaguen (por ejemplo al pisar una buena plasta o al rebozarse algún animal en ellos, además de evitar los siempre presentes insectos amantes de las heces). La forma más eficaz de facilitar la degradación de nuestras heces es depositarlas en un agujero de unos 20 cm. de profundidad y después enterrarlas una vez terminada la faena.

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Otra cuestión importante es la zona donde vamos a soltar lastre. Antes de cagar en el monte, debemos asegurarnos de que no lo hacemos en un lecho seco, ni cerca de cursos de agua ni en una zona inundable, ya que de esta manera evitamos que con la lluvia nuestras heces salgan a flote y viajen allá donde el agua las lleve, con el consiguiente riesgo sanitario que ello comporta. En climas con temperaturas bajo cero permanentemente, debido a la inexistencia de actividad bacteriana, no existen problemas de infección ni contaminación por heces, salvo su desagradable presencia visual.

Por último y no menos importante, debemos evitar dejar otro tipo de restos en el monte. Tanto el papel, las toallitas o las compresas que desechemos deben guardarse en una bolsa estanca y transportarlas hasta un sitio más apropiado para su eliminación. No debemos enterrarlos ni quemarlos, ya que es posible que provoquemos un incendio en ese mismo momento o dejemos un buen foco de inicio de incendio cuando las temperaturas sean mucho más altas, como por ejemplo en verano. Además, en el caso de tampones, toallitas, compresas o pañales, debemos saber que el tiempo de degradación de estos restos es extremadamente largo y probablemente pasen muchos años antes de que se descompongan por sí solos.

El equipamiento necesario para el enterrador ecológico

Para poder enterrar nuestras deposiciones de manera profesional y totalmente ecológica, lo ideal sería equiparnos con una pequeña pala portátil. Existen unas palas plegables en acero inoxidable (comercializadas en USA como U-Dig-It) que, extendidas, miden poco más de 20 cm. (12 cm. plegadas) y no pesan más de 200 gramos. Podemos encontrarlas por unos 10 euros (si queremos la auténtica y genuina U-Dig-It debemos preparar 20 dólares más gastos de envío). Aunque también podemos hacer uso de palos, piedras y demás herramientas naturales (y gratuitas) para cavar un pequeño agujero improvisado.

Algunos consejos sobre cómo cagar en el monte de forma higiénica, responsable y ecológica

Esencial e imprescindible para cualquier contratiempo debería ser el equiparnos con al menos un paquete de pañuelos de papel de tipo Kleenex y unas cuantas bolsitas de plástico con cierre hermético (las que podemos adquirir para congelar alimentos son idóneas). Con estos dos instrumentos, podremos guardar con total seguridad nuestros desechos para luego lanzarlos en lugares más apropiados, como pueden ser papeleras o contenedores destinados a tal finalidad. Y es que, queridos lectores, cagar en el monte puede resultar sano y natural, pero también debe hacerse con cierta prudencia y de forma responsable.

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